Te pasas la vida buscando pareja, una persona que se complemente contigo, que te haga feliz sin necesidad de no hacerte llorar, una persona que calme tus dolores sin usar ibuprofeno y que te desnude sin usar las manos.
Te pasas la vida buscando pareja, por estos motivos y por otro, mucho más banal, pero más importante: para no pasar los domingos solo. ¿Y qué ocurre cuando ya has encontrado a esa persona y llega el día del señor? Que te sientes igual. Compartís sofá y tu sientes que está la habitación vacía, que el cielo llora y que el aire es pesado.
Los domingos van por dentro. Esa es la verdad. Y están hechos del mismo material que los sueños...
No hay comentarios:
Publicar un comentario